Debo admitirlo: soy Mena Suvari en American Beauty. No, no soy porrista ni quiero serlo. No soy virgen y si lo fuera no lo ocultaría. No soy rubia tampoco. En lo que me parezco a ella es en que odio, como ella, ser «uno más del montón». Secretamente siempre me he identificado con esa escena en la que el adolescente narco le dice a Mena, para herir su ego de porrista, que ella no es más que una chica tan ordinaria y común como las demás; y Mena sale corriendo desconsolada, llorando. Para mi es horrible ser una figurita intercambiable, es algo que siempre he odiado incluso antes de tener claro que lo odiaba. Por eso me molesta un poco haberme cortado el cabello. Si, mis padres me aman más desde que lo hice y mi hermana ahora si admite con orgullo que nos parecemos. Mis abuelos casi hicieron una fiestica en honor al nuevo look, y la mayoría de las personas ha hecho buenos comentarios acerca del cambio (para mejor, según ellos). Es posible, también, que mi aspecto sea más limpio ahora e, incluso, más fácil de llevar (si no me quiero peinar, simplemente me pongo una gorra y no hay ni cabellos que salgan por los lados). Pero (apartando las reservas que tengo acerca de este corte en particular, que creo que no va del todo con la forma de mi cara) cuando veo mi reflejo en alguna vidriera de algún centro comercial siento que me parezco tanto a los niños esos que me circundan y que creen comerse al mundo con sus cabellos engelatinados y sus actitudes wannabe, que me pongo un poquito triste. El reflejo me recuerda un poco a las palabras del narco adolescente.
Si, lo se, es vacío, es estúpido, es superficial hablar de mi cabello como si fuese mi identidad. Pero igual creo que lo dejare crecer de nuevo.
Aunque esperare mejor cuando ya no viva con mis padres.
Si, lo se, es vacío, es estúpido, es superficial hablar de mi cabello como si fuese mi identidad. Pero igual creo que lo dejare crecer de nuevo.
Aunque esperare mejor cuando ya no viva con mis padres.








