27 may. 2009

the fame

Me pregunta mi hermana (muy neófita ella) «¿La gente gana dinero con los blogs?». «No», respondo yo. «Entonces por qué le hacen tanta propaganda», continua ella. «Porque la gente quiere ser famosa», respondo yo, y concluye la conversación al respecto. Debo destacar que mi hermana, hasta donde se, ni siquiera está enterada de la existencia de mi blog, con lo que no quiero excluirme de ese grupo de personas («todo-el-mundo») que quiere «ser famoso o famosa», yo también quiero, sólo que me da miedo.

11 may. 2009

lo que ocultan ciertas sonrisas o el ¿por qué se ahorcan los nórdicos?

Eso de creer que alguien es plenamente feliz y que nada perturba su paz me parece que es un pensamiento demasiado ingenuo, demasiado distante de la realidad, y lo he comprobado con experiencias propias y ajenas. Están, por ejemplo, los que creen que uno es feliz y que la vida para uno es de color rosa y esta forrada de malvaviscos por todas partes. Y no, obviamente, no es así. También he visto personas que creen que este tipo o aquella no le “paran” a nada siendo que después de conocerlo o conocerla mejor se dan cuenta que sus vidas son un desastre y que están peor que ellos mismos, casi al borde del precipicio con una hojilla en la mano derecha y un frasco de somníferos en la izquierda. Por último, me ha pasado que en algún momento he pensado “que lo máximo ese ser que simplemente vive la vida como le da la gana sin pararse en detalles incómodos”. Pues, en todos los casos, es una gran mentira. La gente siempre tiene cosas de que preocuparse, la gente siempre tiene problemas, la vida nunca es totalmente placentera y la felicidad es una cosa tan difícil de definir que yo personalmente he dejado de creerle a cualquiera que me diga que es verdaderamente feliz.

Si alguien te habla de esa persona que no se preocupa por nada y que es demasiado feliz, y que lo máximo su vida llena de colores pasteles; lo único que puedes saber con seguridad es esa persona que habla no conoce realmente a la otra. Te aseguro que si se acerca un poquito más verá que estaba equivocada, muy equivocada. Nunca se tiene todo. Y es que, realmente, que aburrido sería si uno no tuviera que preocuparse de nada, que rutinaria sería la vida. Sería ultra sucidante el hastió… sino miren los nórdicos como “siempre y siempre sin excepción se matan”*.



* NÓRDICOS

Los nórdicos siempre
y siempre sin excepción
se matan.

Los nórdicos pasean
por Zúrich y por Viena y por Estrasburgo
en busca de un comercio nórdico
donde adquirir cinturones de cuero resistentes.

Antes de comprar los cinturones
los nórdicos tiran de sus extremos con firmeza
para comprobar su resistencia.

Los nórdicos conducen entonces sus Volvos
por los bosques que circundan
Zúrich y Viena y Estrasburgo
en busca de un árbol de tronco grueso
dotado de gruesas ramas
que soporten su peso nórdico.

Los nórdicos se ahorcan
precisamente con sus cinturones de cuero recién adquiridos
del árbol más propicio para ahorcarse.

Los nórdicos son hallados más tarde ya cadáveres
por otros nórdicos
quienes se ven compelidos a la penosa tarea
de cortar el cinturón y bajarlos del árbol.

Los nórdicos se distancian así
con sus cinturones y sus bosques y sus ahorcamientos
a millas de distancia
en un record de suicidios
ya totalmente imbatible.

Los nórdicos son gente acomodada y solvente
a menudo gente rica
y siempre gente cultivada.

¿Por qué se ahorcan los nórdicos?

Solamente el ser acomodado y solvente
y muy precisamente rico
y especialmente cultivado
ofrece espacio y perspectiva y tiempo

para adquirir ya plena consciencia
de lo que hubo
de lo que hay
de lo que
habrá.


(poema de Sergi Puertas de Yo Tampoco, Tú También)

1 may. 2009

el fatalismo en pleno

"No sé con que armas se librará la Tercera Guerra Mundial, pero en la Cuarta Guerra Mundial usarán palos y piedras". Einstein
Cuando era pequeño recuerdo que mi madre solía decir –a propósito de esas películas gringas sobre el fin de los tiempos o de las predicciones apocalípticas que pasaban siempre en programas especiales los domingos en la noche por Venevisión– que ella no creía que el fin del mundo fuera así como lo pintaban. Para ella, en resumen, el mundo simplemente se acaba cuando uno se muere… y listo. Y probablemente tenga algo de razón. Era una forma rápida y limpia de resolver el problema. Sin embargo, más allá de Nostradumos y Armagedon, hay síntomas en el mundo que hacen pensar en la (basta) posibilidad de que el mundo se acabe y con él todos los que vivimos aquí.

1. Todo el mundo habla de la gripe porcina (de cochino, cochina, tocineta, del chicharrón, tocina, o como sea que el payaso de tu grupo la suela llamar), una epidemia con posibles alcances mundiales, lo que lo convierte en una pandemia. Una pandemia es, literalmente, una enfermedad que alcanza a toda la población; es decir, técnicamente (como dice Wikipedia) “debería cubrir el mundo entero y afectar a todos. Afortunadamente no ha habido una pandemia en ese sentido de la palabra”. Sin embargo, ha habido pandemias de pandemias, y es importante aclarar que no es lo mismo hablar de una pandemia hace 1500 años atrás que referirse a una en el mundo tal y como lo conocemos y lo vivimos en la actualidad. El mundo moderno, ese señor que supuestamente nos colma de tantas felicidades, nos ha interconectados a todos, y cualquier peste del pasado que, por abarcar a más de tres países se pintaba como catastrófica, hoy no tiene comparación con lo que puede llegar a pasar. La globalización nos ha conectado tanto que hoy, más que nunca, el aleteo de una mariposa en Indonesia puede hacer que la bolsa de valores de New York se vaya a pique de manera irremediable. Muestra de ello es el SIDA, una verdadera pandemia que a pesar de que sus vías de contagio no son a través de acciones tan simples y cotidianas, lograron expandirse por todo el mundo, literalmente hablando; imaginemos ahora eso mismo pero con una gripe que se puede “pegar” hasta por respirar el mismo aire de una persona contagiada. Evidentemente, el avance técnico que también es parte de la modernidad hace que la situación actual, por fortuna, tampoco tenga precedentes en la historia. Como leí en un artículo en Internet: en 1918, por ejemplo, cuando también hubo una fuerte epidemia de gripe con grandes pérdidas humanas, aún no se sabía lo que un virus era y la ciencia, en general, no estaba tan “avanzada” como lo está hoy en día.



2. Por otra parte, como refiere Edds, el 26 de abril fue el aniversario del desastre de Chernobyl; lo que sirve como para recordarnos las consecuencias que nuestro indiscutido progreso puede traer. En este caso, al menos, hablamos de un “accidente”; o sea, el desastre no estaba entre los objetivos iniciales. Pero pensemos en los desastres inducidos que han nacido en los laboratorios, que han sido parteadas por los científicos probablemente más alucinantemente brillantes de nuestra época: es Hiroshima y es Nagasaki como los ejemplos más emblemáticos de lo que la ciencia puede hacer y de los alcances que, gracias a la ciencia, puede tener la destrucción. Entonces, accidentales o no accidentales, la ciencia, pese a que nos puede salvar de una nueva peste bubónica también puede destruirnos sin si quiera pretender hacerlo (probablemente con mucha más rapidez y efectividad que cualquier pandemia). Algunos estudios ya dan una fecha tope para el planeta tal y como lo conocemos: el agua que puede ser consumida por humanos se está agotando y, aunque parezca una formulación extremista, quizá en un futuro no muy lejano el aire verdaderamente puro y sano nos venga embotellado y tengamos que pagar por él. (Sino, piénsese en lo absurdo que le debió parecer a la gente de hace 150 años la idea de pagar por agua.) Y así, el fin del mundo se encuentra en potencia en la tecnología que usamos a diario calentando el globo, en el agua que consumimos y asumimos que nunca se va a acabar, en sacar de una quizá muy limpia investigación científica sobre la separación del átomo el arma de destrucción masiva que puede acabar con una comunidad, una ciudad, un país, un planeta. Son los humanos y sus creaciones, es la guerra entre países o la guerra dentro de países, es el asesinato como pasatiempo, en diferentes dimensiones con diferentes justificaciones; es la granada que el niño encontró en su casa y la llevó a su escuela y le explotó en las manos; es la necesaria decisión: ¿le doy las llaves del carro, renunció así sin resistir a lo que tanto me costo (dinero y esfuerzo) conseguir, o trato de huir, trato de mediar palabras, me resisto a expensas de que me pegue un tiro? ¿será de verdad la pistola o de mentira?



Si, por eso, la seguridad es una ilusión.

Antes, cuando mi mamá decía eso de que el mundo se acaba simplemente cuando uno se muere, reduciéndolo todo a una cuestión meramente subjetiva, yo protestaba y defendía las tesis esas que me vendían como entretenimiento en la televisión, pero sólo porque me parecían más emocionantes y más divertidas. Un meteorito o una invasión extraterrestre exterminadora de todo. Ahora, sin embargo, sigo pensando que el final podría ser algo totalmente objetivo: el mundo de verdad se puede acabar, pero ya las teorías de las películas gringas no me convencen tanto. El fin del mundo no vendrá de la mano de nada ni nadie externo a nuestro propio mundo.

La muerte esta entre nosotros y, al final, aun si logramos sobrevivir a la gripe porcina o a cualquier otra peste negra seguramente nos terminaremos matando unos con otros.