31 may. 2008

Facebook citizen

Es un hecho confirmado: he perdido la noción del tiempo. Peor aún: creo que mi tiempo (en el que vivo, en el que transcurre mi vidita) ha sido trastocado. Mi vida últimamente ocurre dentro de mi cuarto, dentro de mi PC, a veces dentro del Photoshop, pero especialmente y la mayor parte del tiempo, dentro del FireFox y el MSN: navegar sin ningún objeto o finalidad, ver fotos, buscar cosas dizque interesantes, jugar jueguitos en el Facebook, leer blogs y chatear con mi novio (nota: él vive en otra ciudad) lo es todo por estos días. Cuando veo el reloj ya son las 9 PM. Sip, como por arte de magia el día se ha convertido en noche, etcétera, etcétera. Todo el mundo se va a dormir, mi novio también. 4 de la madrugada y yo aún despierto.

(Suena la perfecta banda sonora como música de fondo:
A Summer Wasting de Belle and Sebastian)

Estos días han sido todos como el santo domingo (sin la misa) del ciudadano común. No salgo de la casa sino para lo necesario. No me baño a menos que vaya a salir. Mis contactos con otros seres humanos son limitados y esporádicos (básicamente por el MSN, básicamente con mi novio). Y lo peor de todo es que dedico mi tiempo a todo (como dije, dentro de los limites del marco de la pantalla de mi laptop) excepto a hacer mi tesis. Debería estar leyendo mil cosas, buscando información, anotando ideas. Pero no. Me da flojera. A veces siento que no me voy a graduar nunca, y me acuerdo de ese (desagradable) vecino que estudió, como yo, sociología en la UDO y que nunca terminó la carrera: ¡¡le faltó la tesis!! (Y, a decir verdad, más miedo me da parecerme a ese señor que no llegar a graduarme) Pero, ojo, no me estoy lamentando. No hacer nada y vivir mi vida según mis reglas, aún siendo un mantenido, en mi cuartito, entre la 1 de la tarde y las 4 de la madrugada, evidentemente no es algo que me moleste (aún). (Aunque el descontrol en mis horas de sueño y las horas frente a la pantalla comienzan a afectarme.) No es que esté deprimido por mi situación, es otra cosa: es una vocecita en mi cabeza que me grita que tengo que hacer algo ¡ya! si quiero lograr algo en el futuro a corto, mediano y todos los plazos existentes.

PD.: Vease (y tomese en cuenta) la linda ilustración que he puesto a la derecha del blog, cortesía de Nacho Gómez. Excelentes sus obras. Especialmente me ha gustado esta.

30 may. 2008

el "ambiente" y la metonimia (iii: que pecado)

[..] un lugar lleno de gente que no te ve raro por la persona a la que besas, por la persona con la que bailas, por la persona que eres o por como bailas, etc.

Cierto. Ya he dicho, en estos lugares, aquellos de nuestra especie pueden ser y pretender ser lo que quieran sin el menoscabo de los demás, sin el desprecio de la mirada inquisidora de una sociedad normada. Pero pasar por la puerta de un lugar de este “ambiente” no nos despoja de todo aquello que se nos ha incrustado en nuestras cabecitas desde pequeños. Somos homosexuales nacidos y criados en una sociedad normada heterosexista y heterocentrada. (Queremos decir, cuando decimos sociedad normada: aquella que impone sus normas de forma tácita: la internalización de reglas de conducta, entre las que está la heterosexualidad, sustituye a la obligación consciente. Ser flaco es asumido como equivalente a ser bello tanto como ser heterosexual es equiparado con ser normal. Cosas que nadie dice pero que todos asumen, y que pasan de una generación a otra.) Con sus normas, nos incrusta estereotipos y prejuicios, estándares evaluativos y apreciativos, una moral limitante, a veces obsoleta. ¿Qué pasa cuando todo esto entra por la puerta de un lugar de este tipo? Pues la sociedad nos ha puesto sus lentes ante los ojos que usaremos para enjuiciar al que se salga de la norma. La norma, en este caso (por las condiciones evidentes), se hace más flexible, sin embargo, ahí está: ok, somos homosexuales, pero no quiero nada contigo si eres muy niña (siendo biológicamente un niño), no quiero nada contigo si te vistes de mujer. Esto, adentro de las paredes oscuras de estos lugares. Afuera, la realidad es mucho más cruel: la norma heterosexual la aplicamos a nuestra realidad homosexual para, de esta forma, dividir a los que comparten nuestra misma orientación en homosexuales normales y anormales. El travestismo les da grima a algunos, los transexuales resultan perturbadoras muestras de la decadencia humana y el sadomasoquismo es una práctica demasiado perversa, por citar ejemplos. Somos diferentes pero no sabemos lidiar con las diferencias y, peor aún, nos tapamos los ojos para no ver que las diferencias (aquellas que nos separan de la heterosexualidad y sus paladines, y aquellas que nos diferencian entre nosotros mismo) son las que algún día nos liberaran. Someday, my dear.

29 may. 2008

el "ambiente" y la metonimia (ii: pretender)

Desde entonces utilizó la palabra “ambiente” para refirme a eso: un lugar lleno de gays y lesbianas siendo gays y lesbianas.

Gays y lesbianas siendo gays y lesbianas no significa, de ningún modo, dejar a un lado el juego de pretender. Siempre pretendemos ser algo (aunque lo seamos). Las normas sociales a veces nos inducen a hacerlo, otras veces nos obligan (“Uno es ante los demás lo que parece ser… nada más”, me dijo una vez mi madrecita, palabras menos, palabras más) y las discotecas (del tipo que sean) son un lugar donde estas armas de performance se cargan y se despliegan. Mucho tiempo frente al espejo antes de ir a uno de estos lugares dan fe de ello. Son pocos, realmente pocos, los que van solo por el placer de bailar (eso se puede hacer fácilmente en la comodidad del hogar): las discotecas son un lugar para ver y dejarse ver.

{El sudor de los cuerpos perfectos. Gimnasio y perseverancia (algunos esteroides y muchas pesas. Algunos energizantes, una que otra vitamina. A veces dieta). Pechos perfectos (inyectados). Cuadritos en el (operado) abdomen perfecto.

Siguiente:

La exquisita delgadez de la pasarela francesa (la anorexia o hasta la desfachatez de dejar de comer para comprarse unos lentes Chanel). La exquisitez de una diva en boga (cosas por hacer: leer Vogue una vez al mes. Suficiente).

Continuamos:

Soy emo. Soy gótico. Soy punk. Soy todo eso junto y hasta más. (Notese: soy, soy soy soysoysoy: pretender ser.)

¿hay alguna diferencia entre la disco straight y la de ambiente?}

Cuando uno dice “gays y lesbianas siendo gays y lesbianas” no es que se esté diciendo que en algunos lugares (estos lugares) estos individuos logran sacar al mundo exterior todo lo que realmente son. Ser, tal como ha sido utilizado, se refiere a ser homosexuales, una orientación sexual particular (en su diversidad) distinta a la heterosexual, no significa pues, ser en el pleno sentido de la expresión. En estos sitios se logra ser lo que uno es no porque se deje de pretender ser algo que no se es, sino porque se puede ser (e incluso pretender ser) algo distinto a lo que se le ha impuesto a uno desde antes de nacer, se puede ser (e incluso pretender ser) algo que no está de acuerdo con un bendito y asfixiante deber ser. La gracias está en ser y pretender ser lo que a uno le de la gana. Amén.

27 may. 2008

el "ambiente" y la metonimia (i)

Metonimia:

1. f. Ret. Tropo que consiste en designar algo con el nombre de otra cosa tomando el efecto por la causa o viceversa, el autor por sus obras, el signo por la cosa significada, etc.; p. ej., las canas por la vejez; leer a Virgilio, por leer las obras de Virgilio; el laurel por la gloria, etc.

tu mundo por el mundo; el ambiente por la vida


No suelo utilizar la palabra “ambiente” para referirme a esa abstracción de la que hablan los gays como si fuese un monstruo o una gran casa que los alberga a todos, que además es un monstruo muy malo y vicioso o (si se prefiere la otra analogía) una casa embrujada, habitada por seres despiadados capaces de destruirte en un abrir y cerrar de ojos. Aparentemente, este llamado “ambiente es corrosivo. Al parecer, a todos los de esta especie le toca, en algún momento, sentir la furia homosexual, y sobrevivir o perecer. Cierto, solo que eso, en castellano, se llama crecer y vivir. Quizá endurecerse por los golpes de la vida. Se llama, en fin, vida, experiencia. Gente mala, gente buena. Se llama vivir y vivir cosas feas y bonitas, sin embargo, muchos gays (la mayoría) se empeña en llamar a todo eso, “ambiente”. Eso es el “ambiente”: el chisme, la malicia, la infidelidad, la suciedad, la corrupción de los seres humanos; pero (se sufre pero se goza) es también la música a reventar, bailar, sudar, el sexo, drogas y rock and roll, alcohol, derrape, alegría (aunque sea artificial), el fashion, los músculos de uno (los que los tienen desarrollado), los músculos de otros (para el deleite de las miradas de uno). En fin, muchos gays creen que todo lo malo (pero también lo que consideran bueno) se puede meter en esas ocho letras que lo designan todo, sin darse cuenta que de lo que están hablando es de la vida. Por eso yo suelo hablar del “ambiente” sólo para referirme a algo muy puntual: las discotecas (o los sitios en general) de “ambiente”. Aquí, para mí, no hay ninguna abstracción. Ambiente para designar dos cosas: primero, lo contrario de las discotecas straight o “heteros” (horrible, por cierto, llamarla discotecas “normales”), donde no estará bien visto (en la mayoría de ellas) que un tipo bese a otro tipo, por ejemplo, o ni siquiera que anden agarrados de manos o que bailen el uno con el otro. Segundo, (y consecuencia de lo anterior) “ambiente” para designar el hábitat natural de una especie determinada (no nos ofendamos por lo que parece una analogía con el mundo animal), o lo que es lo mismo, donde esa especie puede ser, donde está a su alcance lo que le permite desarrollarse como lo que es realmente y no como se le impone que debe ser. Este último significado me quedó claro cuando fui por primera vez a una discoteca de este tipo. Nunca entendí de donde habían sacado la bendita palabrita hasta que entre a uno de estos sitios y, tímido como soy, sentí que ese lugar estaba lleno con seres de mi misma especie. Lo que llama uno “sentirse en ambiente”. Desde entonces utilizó la palabra “ambiente” para refirme a eso: un lugar lleno de gays y lesbianas siendo gays y lesbianas; y más que eso: un lugar lleno de gente que no te ve raro por la persona a la que besas, por la persona con la que bailas, por la persona que eres o por como bailas, etc. Cero abstracciones.

20 may. 2008

desvaríos (y otras cosas metidas entre paréntesis)

Es un hecho teórica y empíricamente comprobado: conocer a alguien por completo no es posible. Somos demasiado complejos. Demasiado embusteros. Así pues, por mucho que uno este convencido de conocer a una persona, cuando no la ves (si, como la canción) todo puede ser distinto (puede ser o no ser), y es que ya se sabe: cada cabeza es un mundo (desconocido-por conocer-nunca completamente descubierto) (y la vida es una tómbola, y otros desvaríos por el estilo, y otros cuentos que no vienen al caso). Uno piensa en eso al ver en aquellos programas amarillistas a la niñera pegándole a la niñita indefensa con la cucharota de madera en la cocina. (Y después llega la señora de la casa: “Si, señora, todo bien… la niña es un ángel. Aún duerme”. Obvio, quedo inconsciente al tercer golpe.) Y eso pasa. Ergo, y para colmo de males, uno se da cuenta de la hipocresía del mundo en su propio reflejo (literalmente) al sorprenderse a sí mismo (¿es posible sorprenderse a uno mismo?) bailando frente al espejo la macarena. O el regueton ton ton, ese del “cuerpo brutal”. (Luego en la disco: “No, disculpa, que pena, es que no bailo”; o peor aún (con cara de asco): “no, disculpa, es que odio el regueton”.) Y si, también pasa. Uno piensa en eso pues, y vuelve a pensar, sabiendo que la clave está en no pensar demasiado (“¿pero cuánto es demasiado?”… y por ahí se va), porque sino la confianza se desintegra y todo se complica, se desbalancea. Todo se va por donde se vino. No puedes controlar el mundo cuando (donde) no estas, my dear, me dijo una vez Susana: Let it go, let it be. Si, si. Si vuelve es tuyo, si no vuelve nunca lo fue, etcétera. (Y un “te amo” metido en la imagen de un atardecer montado en la pared del estudio de la casa.) Si, si, Susana siempre tiene la razón.

11 may. 2008

recomendaciones, o lo que hago con mi tiempo

1. Libros: 1.1. El Benefactor de Susan Sontag: Me pareció excelente de principio a fin. Ame a Hyppolite y Frau Andres, los dos personajes principales, y me encanto lo sorpresivo del final y las referencias al “ambiente” gay de aquella época. 1.2. Homografías de Paco Vidarte y Ricardo Llamas: A estos dos españoles les he agarrado bastante cariño últimamente. Ambos gays, Vidarte filosofo y Llamas sociólogo, son activos luchadores en pro de los derechos y reivindicaciones de homosexuales, transexuales, etc. El libro es más bien una compilación de varios ensayos dedicados a distintos temas referentes a la cuestión gay. Todos son interesantes y divertidos por el tono a veces sarcástico, ridiculizante y malicioso con el que hablan de cosas tan serias como la invención del “niño mariquita”, el matrimonio entre personas del mismo sexo, los movimientos gays y lésbicos en Estados Unidos y Europa, el tratamiento de la homosexualidad en la ciencia oficial (sociología, psicología, psicoanálisis), etc. Me parece que algunos ensayos son de lectura obligada para cualquier gay informado, y como el libro completico esta disponible en Internet (no creo que sea fácil conseguirlo por otros medios) no se tiene excusa. [Y hay una especie de secuela: Extravíos, también disponible en Internet].

2. Cine: 2.1. Juno de Jason Reitman: La vi hace varias semanas y me pareció excelente. Es tierna y cómica, los diálogos son de lo mejor y la banda sonora es lo máximo. Como deben saber muchos, cuenta la historia de una adolescente bastante elocuente que sale embarazada, y sus confusos sentimientos de amor hacia el padre del bebé. 2.2. Persona de Irman Bergman: Es una película de 1966, extrañísima y difícil de entender, pero totalmente impecable y bella. Se trata de dos mujeres (una actriz que se niega a hablar y se empeña en permanecer encerrada dentro de sí misma, y la enfermera encargada de su cuidado) que, al parecer, se van convirtiendo en una misma persona a medida que conviven juntas en una casa cerca del mar aisladas de todo lo demás.

3. Musiquita: 3.1 Jeffrey Star: Es un tipo(a) super extravagante, elegante y muy rosado. Es como un Marilyn Manson en su fase “Mechanical Animal” (esta semejanza no es una ventaja, en mi opinión) dedicándole versos a Louis Vuitton, con lentes Channel, accesorios de Hello Kitty y gritando a los cuatro vientos: “we want cunt”… me encanta el tono satirico y soez de las letras. 3.2. The Virgins: Es un grupo neoyorquino que no conozco mucho pero que lo poco que pude escuchar en su myspace me encanto. Vale la pena escucharlos, bajarlos, comprarlos. Son pegajozitas las canciones. 3.3. Jóvenes y Sexys: Dúo caraqueño conformado por el portador de un gran(dioso) afro y una señorita muy coqueta. Son algo así como la contrapartida del Sr(a). Star, pero las canciones son bellísimas. Muy indie ellos. Pueden escucharlos también desde su myspace.

4. Bonus Visual: Me encantan todas las desnudas fotos y los desnudos y las desnudas "modelos" de este señor.

10 may. 2008

la suerte de la floja...

Yo no creo en la suerte como tal, pero igual: hay gente que definitivamente tiene algo (que si, a falta de cualquier otro término, podríamos llamar “suerte”) para andar por la vida y ganarse las cosas sin mucho esfuerzo.

Una compañera de estudio es el ejemplo vivo. Desde que estudiamos juntos siempre le ha dado flojera (ir a, estar en) la universidad, le fastidian los profesores y, aunque según ella le encanta la sociología, odia todas las materias, todos los temas, etc. Nunca estudio demasiado, pero si lo suficiente como para pasar los exámenes con, al menos, un cinco, de diez. Tampoco estudiaba para las exposiciones, pero si lo suficiente como para confundir al profesor o la profesora y hacerle creer que sabía de lo que estaba hablando. Aderezando sus intervenciones con ejemplos de la vida real y sonrisitas simpáticas, aquí a veces lograba hasta sacarse un siete. Pero lo más cumbre de todo es que siempre, siempre (y no miento ni me equivoco cuando enfatizo diciéndolo dos veces) conseguía a alguien con quien hacer las cosas, lo que equivalía a que ella no hiciese nada. Era (o es) pues, una adoradora de los grupos o, mejor dicho, de las evaluaciones del tipo que fuesen, pero que se pudiesen hacerse entre dos o más personas. Cada vez que se hablaba de evaluaciones ella intervenía para sugerir que se hiciese en grupo de dos o más. Así que, con razón, poco a poco todos se fueron alejando de ella, en el sentido de no elegirla ni buscarla (ni acercársele) cuando de buscar un compañero de trabajo se trataba, aunque hasta estos últimos momentos a alguna de sus amigas ha logrado convencer de que trabaje “con” ella en alguna que otra evaluación.

Ahora que estamos por graduarnos, puedes preguntarle cualquier cosa de la carrera teniendo la certeza de antemano que poco o nada va a ser lo que te dirá. Y a pesar de eso, por extrañas razones del destino y por juegos macabros de la vida, una de las pocas profesoras que siempre está dispuesta a ayudar a alumno o alumna que se lo pida resulto ser la vecina de toda la vida de su ex novio, y aunque se haya acabado el amor donde lo hubo la afinidad con la gente de su ex parece estar intacta. Así que la profesora la ama y ya le ha conseguido una pasantía que comienza el próximo lunes; mientras que todos los demás (es decir, los que le hicimos los trabajos que le permitieron pasar algunas materias) estamos analizando aún nuestras precarias opciones. Sin tema concreto para la tesis, sin asesor, pensando en las ventajas de hacer pasantía, verificando si existen otras alternativas posibles. Y no es que uno se moleste porque todo le salga bien tan fácilmente y sin esfuerzo de ningún tipo, pero hay que ser ciego para no darse cuenta de lo injusta que puede ser la vida (o dios, o el cosmos), porque aceptémoslo: a este paso, esta compañera será la primera en graduarse del grupo.

C'est la vie…

8 may. 2008

lord voldemort gay, o lo innombrable en general

Cualquiera que sea de (o viva en) Venezuela sabrá lo que es la Ley de Responsabilidad Social de Radio y Televisión (Ley Resorte o Ley Mordaza o como quiera llamarse) que, con sus cosas buenas y malas, fue promulgada hace ya algunos años en el país. Entre las exigencias de esta ley ordinaria está que deben censurarse cosas, palabras, acciones, etc. que puedan resultar ofensivas para los usuarios, contrarias a la moral y a las buenas costumbres (por muy abstracto que esto pueda resultar), etc. Ejemplifiquémoslo para que se entienda mejor. Si en televisión alguien dice “mierda” (ojo: siempre que no sea el Presidente de la Republica –¿será ésta una de sus prerrogativas?), ésta palabra debe ser censurada, es decir, sustituida por un prudente y breve silencio o por un desagradable pitico; si alguien dice “puta”, lo mismo; si dos personas se enfrentan de forma explícitamente agresiva y violenta, esta parte debe ser editada; y así, etcétera, etcétera. Todo esto, claro, en el horario que se ha venido a llamar “todo usuario”, partiendo de la asunción de que los niños y niñas se encuentran en una condición mucho más vulnerable ante este bombardeo audiovisual y por lo tanto, debe tenerse extremo cuidado con lo que se les muestra (y enseña).

Hace un rato estaba yo acompañando a mi hermana que veía una novela mejicana en un canal nacional, cuando uno de los personajes (un tipo bastante maduro, de barba y barriguita pronunciada) hablo acerca de su homosexualidad, y, ante mi sorpresa e indignación, la palabra que utilizó (“gay”, para ser exactos) fue censurada con el silencioso vacío del que hable antes. Un silencio prudente y apropiado que sirve para tapar lo feo que tiene nuestra sociedad. Porque nadie quiere que su hijo o hija aprenda a decir groserías a través de la TV ¿o si?, nadie quiere que su hijo o hija presencia una permanente exaltación de la violencia ¿o si?, así pues nadie quiere tampoco que su hijo o hija vea que existen gays, lesbianas, transexuales, transgéneros, bisexuales, etc., porque después podrían desviarse y tomar caminos distintos a los que dictamina la normatividad heterosexual… y pues, nadie quiere eso ¿verdad? Así, se oculta lo malo para evitar, en lo posible, su diseminación en las nuevas generaciones. Pero nótese que el problema que se viene a tratar aquí no es la discusión de la influencia efectiva que los medios tienen sobre niños, niñas y cualquier ser humano, eso es otro tema muy distinto, aquí de lo que se está hablando es de la clara evidencia de una profunda homofobia que reina en nuestra sociedad, en nuestros medios, en nuestra realidad. Por ello, el deliberado mutismo del televisor no puede resultar menos que ofensivo para cualquier gay. Es decir, es que ¿no existimos? O es que ¿somos una incomoda realidad que debe ser omitida para que no se siga extendiendo? Lo que demuestra esto es la forma en que la sociedad y sus portavoces entienden la homosexualidad: desde un ojo clínico, como si fuese una enfermedad, y a través de los lentes de una moral religiosa que muchas veces peca de ridicula y vacía. Esta visión degradante de nuestra opción (u orientación, como se quiera) sexual la comprobamos cuando en TV el tema de la homosexualidad se trata como problemática socio psicopatológica –de donde viene, como puede curarse, y cosas por el estilo, con psicólogos, médicos, curas y demás en el panel… en dichos casos (y sólo en dichos casos), vemos como si está permitido hablar abiertamente de esta condición “anormal” y “antinatural”. Es decir, se nos nombra solo para estigmatizarnos y patologizarnos, y para buscar salidas al problema que se supone representamos, de resto: el silencio o el pitico.

Debo confesar que no veo mucha televisión (y menos nacional), pero esto es lo que acabo de ver y me ha llenado de indignación, así que he corrido a decirlo por los medios que tengo para expresar mi humilde opinión. Asimismo, confieso que la famosa Ley sólo la he leído superficialmente así que no puedo asegurar que la homofobia venga de los caudales de esta “revolución” que se dice progresista o del propio canal y de su interpretación de la palabra escrita. En fin, venga de donde venga, así están las cosas en nuestro mundo, en nuestro país, aunque a veces pareciera que todo está mejor y sigue mejorando, seguimos siendo esta cosa que no debe ser pronunciada delante de niños y niñas por temor a que ellos y ellas se desvíen del camino que previamente sus padres, y todo su entorno, se ha encargado de trazarles (con todas las consecuencias que esto implica para el niño transgresor).

6 may. 2008

la casa, una casa; la familia, una familia

Ya estoy un poco cansado de escribir (y de pensar) siempre de (y en) lo mismo, pero es inevitable, como se entenderá. Mi vida, lo que va a ser de ella, y lo que estoy haciendo, a duras penas, con ella, es tan confuso y difuso que me da miedo y me deprime. Pero el tema de este post no es (como lo han sido otros) sólo un largo lamento de mi situación de forma general, aquí seré más puntual aunque sin que deje de tener estrecha relación. Y es que esto es, en gran parte, la raíz y fuente de mi frustración actual. El tema es que estoy harto de vivir con mis padres y con mi hermana, estoy harto de esta casita, y sus paredes, sus reglas y sus santas costumbres domesticas. En realidad, creo que siempre he estado un poco harto, pero la cuestión se agrava porque, según estaba contemplado en mis sueños, planes y fantasías a futuro, yo me graduaría felizmente en un tiempo considerablemente breve, comenzaría a trabajar, también felizmente, y, felizmente, lograría independizarme (luego me iría de mi pueblo, estudiaría otra cosa, preferiblemente, en la capital, etc. etc.). Todo esto ahora parece tan lejano que me aterra.

El problema en mi casa es complejo. Yo no soy una persona demasiado sociable, y aunque tengo cierta disposición para escuchar los problemas de los demás, me aburre infinitamente escuchar una y otra vez los mismos problemas, por ejemplo, de mi hermana, y más aún, me obstina la espera obligada de una respuesta, de un consejo, de una opinión. Odio además, la hipersociabilidad de ella, que cada dos meses consigue una o dos amiguitas del alma nuevas y las mete día y noche en la casa, que no es suficientemente grande como para que cada quien tenga un espacio totalmente apartado.

Sueño con el día que me vaya con mis pocas pero preciadas pertenencias en una maleta para ya no volver sino de visita, no porque odie a mis padres ni a mi hermana (obviamente, los quiero), ni el espacio en el que he crecido durante estos últimos años, sino porque anhelo tener mis cositas y decidir que hacer con ella; y cuando digo tener mis cositas y decidir que hacer con ellas me estoy refiriendo también al espacio, al ruido y al silencio, así como a todo lo demás.

A lo mejor en el futuro (esperemos que en el más cercano posible) extrañe todas estas cosas de las que hoy quiero huir (y tengo la certeza de que el cariño hacia mi familia se hará mayor cuando ya no tenga que verlos a diario y en todo momento); pero estoy casi seguro también de que nunca querré volver a donde estoy ahora o, por lo menos, no en las condiciones de las que, casi desesperadamente, quiero salir hoy.